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Gestión emocional: Alegría

De todas las emociones primarias, la alegría es sin duda la mejor aceptada socialmente y la más fomentada. Es así porque invita a la distensión, a la afabilidad y a la interacción fácil. Por eso, para la mayor parte de las personas la alegría no tiene connotaciones negativas, y tienden a adoptarla de forma habitual, aunque su estado anímico y emocional interno no se adecue a ella. Esto genera esas "falsas sonrisas" impostadas, que tanto se usan en las fotografías en general, y que acaban por mostrar un imagen irreal de nosotros mismos. Vamos a analizar esto en profundidad.


El sentido biológico de la alegría.

La alegría invita a la socialización, a la cordialidad y al distensión, permitiéndonos despreocuparnos de las responsabilidades y de tener que centrar nuestros esfuerzos, físicos y mentales, en tareas concretas. Por eso cuando tenemos que concentrarnos en algo, decimos eso de "vamos a ponernos serios". Porque sólo si bajamos el nivel de alegría, podemos ser altamente eficaces en nuestro desempeño.


La alegría cumple una función adaptativa de afiliación, favoreciendo la relaciones interpersonales, y da una imagen de vigor, energía y libertad personal. Desde un punto de vista cognitivo favorece el aprendizaje y la memoria ya que aumenta la curiosidad y la habilidad mental. También tiende a reducir el estrés y la ira, inhibiendo la disposición a la agresividad.


Efectos corporales y somáticos

La alegría disminuye el tono muscular y, aunque no suele afectar al ritmo respiratorio, sí que cambia la pauta inspiración-espiración, ya que determina una mayor frecuencia espiratoria. También aumenta la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y el volumen de sangre periférico. Estos cambios tan significativos, son los que muestran una apariencia corporal dinámica y vital, lo que inspira confianza en los demás y les permite deducir que pueden contar contigo para disponer de tu ayuda.


Sin embargo, estos cambios no se pueden mantener durante un intervalo muy amplio, ya que provocan agotamiento cardiovascular y fatiga nerviosa. Sobre todo si la alegría es explosiva y desinhibida. Para la mayor parte de la gente, estos cambios físicos tienen una efecto liberador, incluso catártico, que amortigua enormemente la percepción de los aspectos negativos de la vida.


Aspectos "delicados" de la alegría.

La alegría, como el resto de emociones, pueden ser nociva para la salud si se convierte en la única emoción que mostramos, aunque no sea este el estado emocional que estemos experimentando. En otras entradas hemos hablado de expresar adecuada y sinceramente la emociones que tenemos, y en este sentido, la expresión de alegría tiende a usurpar la expresión del resto de emociones, impidiendo así su canalización. Esto es especialmente significativo en aquellas personas que casi siempre están sonriendo, aunque no estén contentos, y nos lleva a analizar los tipos de sonrisa que podemos encontrar:

  1. La sonrisa sentida o genuina: Se caracteriza por que implica la contracción de las comisuras de los ojos, las cuales se contraen involuntariamente cuando realmente se siente uno alegre.

  2. La sonrisa falsa o fingida: Es un gesto risueño que realizamos cuando se espera por parte de los demás que estemos alegres, aunque no lo estemos. No indica que seamos hipócritas ni "falsos", ya que sólo intentamos ser corteses con nuestro interlocutor, jugando así un papel clave en la interacción social. En ella, los ojos no intervienen, sólo los labios.

  3. La sonrisa de complicidad o incitativa: A menudo nos encontramos con gente cuyo estado emocional es alegre, o simula serlo, y quieren compartirlo con nosotros, incitándonos a sonreír como lo hacen ellos. Puede ser una mera invitación a socializar o también un intento de manipulación, en el que tratan de hacernos sentir bien para que, por ejemplo, compremos un producto, tal y como hacen muchos vendedores.

  4. La sonrisa "enmascaradora" o miserable: Se realiza cuando se está experimentando un estado emocional o anímico desagradable o incómodo, que se intenta ocultar sonriendo. El problema principal de este tipo de sonrisa es que requiere un tremendo esfuerzo del sistema nervioso que trata, por un lado, de inhibir la emoción subyacente (miedo, tristeza, ira), y por otro, construir el gesto de alegría que no se reproduce de manera automática y natural. Es lo que sucede, por ejemplo, en la llamada "sonrisa nerviosa".


La alegría patológica

A veces, la emoción de alegría pierde su sentido adaptativo y social, provocando una estado alterado con características expresivas similares e las de esta emoción, pero con una manifestación más forzada y significativa. Es un estado de euforia que puede desembocar en un episodio maniaco, el cual se distingue por una alteración mental asociada a sentimientos de grandiosidad y exaltación de la propia estima.


La persona adquiere una visión distorsionada de sí mismo, llegando a considerarse como el artífice de grandes logros (inventos, ideas originales, hazañas). Se muestra con un intenso afán de protagonismo, tendiendo a acaparar la voz principal en las conversaciones en las que se encuentre. Este estado puede desembocar en en síntomas psicóticos, que requieren un tratamiento farmacológico.


El episodio maniaco suele configurar uno de polos del trastorno bipolar (el otro es el estado depresivo), y aunque suele tener un origen genético, son muchas las personas que dan tanta importancia a "estar alegre", que, sin tener ningún trastorno mental, fuerzan esta emoción hasta generar esta euforia exacerbada. Se tiende a desplegar un discurso acelerado, continuo y explosivo, con un tono de voz elevado y gestos ostentosos. A menudo tienen expresiones de tipo imperativo, irónico e, incluso, hiriente. Esta hiperactividad puede adoptar la forma de promiscuidad sexual en las relacione sentimentales, o manifestarse en conductas impulsivas que implican apuestas de riesgo, despilfarros o malas decisiones profesionales, por ejemplo.


¿Cómo se gestiona la alegría?

Debido a que es la emoción más socialmente aceptada, la mayor parte de las personas no consideran que requiera una gestión específica. Pero, como el resto de emociones primarias, requiere ser consciente de su manifestación y de "cómo y cuándo" es fingida. Es decir, reconocer en los demás, primero, y en uno mismo, después, los tipos de sonrisa que hemos mencionado e, incluso, las posibles manifestaciones de ese estado maniaco que, sin ser patológico, es la muestra más evidente del abuso que se hace de la alegría.


Todos hemos reído alguna vez sin ganas, por complacer a alguien o por ocultar nuestro verdadero estado anímico. Y no tiene nada de malo hacerlo, pero es importante ser conscientes de que lo estamos haciendo, y decidir por nosotros mismos si en esa situación, con esas personas o en ese contexto, queremos mostrar una emoción diferente a la real. Puede que en un entorno laboral o familiar sea una opción conscientemente elegida para evitar conflictos interpersonales, pero si vuelve un hábito que se extiende al resto de nuestra vida, acabará por convertirnos en una "falsos emocionales", con el consiguiente malestar interno que eso pueda producir.

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