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Morfeo encadenado por el insomnio



Aunque no lo creas, tienes ahora mismo en la mano (o frente a ti) una poderosa arma de agitación mental, que puede estar provocando una activación neuronal caótica y excesiva, y que puede inducirte ansiedad, nerviosismo e insomnio. No a todo el mundo le sucede, ni te tiene porque estar sucediendo en este momento. De hecho, si estás leyendo con calma este artículo, sin sentir del impulso de cambiar de pantalla o sin la necesidad de buscar otra novedad, es probable que no te esté pasando. Porque cuando lees algo de manera cómoda y relajada, analizando el contenido sin prisa y a tu ritmo de compresión, la mente está focalizada pero no alterada.


El problema surge cuando la mente salta de forma impulsiva de un contenido a otro: de imagen en imagen, de frase en frase, o de un escueto vídeo a otro aparentemente más sugerente. De hecho, que cada vez los textos y las secuencias sean más cortos se debe, principalmente, a ese ritmo frenético que nos vamos poco a poco imponiendo. Luego, uno se tumba en la cama a intentar dormir, y la necesidad de seguir consumiendo estímulos visuales y auditivos sigue tan presente, que el cerebro no entra con facilidad en la relajación que precisa para acceder al sueño.


El exceso de consumo audiovisual y la exposición a un constante bombardeo de estímulos encadenan a Morfeo e impiden que nos durmamos con facilidad. A esto hay que sumar el efecto físico que la exposición del ojo a la luz provoca en el cerebro, impidiendo la segregación de melatonina, necesaria para favorecer la fase de sueño, y cuya producción se estimula con la oscuridad. Por tanto, si lo último que hacemos antes de acostarnos es mirar una pantalla luminosa, no estamos favoreciendo nuestro merecido descanso nocturno.


Pero no es sólo al ir a la cama cuando encadenamos a Morfeo. Durante el día, vamos también acumulando una cantidad de agitación mental tremenda, debido a la demanda continua que hacemos de noticias, conversaciones, sonidos, etc. Muchos de estos estímulos serán sin duda necesarios para el desempeño de nuestro trabajo o para relacionarnos con los demás, pero otros muchos son totalmente innecesarios e improductivos. Si no somos capaces de reducir ese "ruido externo", tampoco seremos capaces de modular el "ruido interno" que acabará por generar las cadenas mentales que atrapan a Morfeo, impidiéndole cumplir su indispensable función fisiológica y anímica.


Por tanto, si estás leyendo esto en el autobús, en la cola del supermercado, en tu puesto de trabajo o, incluso, en el aula de enseñanza, quizá es el momento de apagar tu dispositivo y mirar a tu alrededor, pues la Vida Real está danzando alredededor tuyo. Si, además, puedes permitirte pasear por un bosque, por la playa o por la naturaleza en general, le estarás brindado a tu mente la calmada pauta de estímulos a la que se ha acostumbrado durante milenios de evolución cerebral.


Sería una pena que caminando bajo los árboles, con la luz del sol filtrándose entre las hojas, y una suave brisa meciendo las copas, te pusieras a mirar las últimas actualizaciones de tus contactos...



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