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Vivir con Conciencia es vivir Feliz, en Serio...



ADVERTENCIA: Leer con calma y tranquilidad este artículo es esencial para poder entenderlo y disfrutarlo. Serán sólo 3 o 4 minutos de lectura atenta. Vamos allá...


La mayor parte de la infelicidad, de la ansiedad y de los sentimientos de desesperanza y angustia que vivimos hoy en día no se deben a las circunstancias sociales actuales. Son más bien fruto de una vida sin conciencia y abstraída, que nos impide entender qué sucede alrededor y qué sucede en nuestro interior. Pero ¿Qué es realmente la conciencia?


La conciencia se define como el "Conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos." Y esta definición es aplicable a muchos ámbitos. Por ejemplo, la "conciencia corporal" constituye el conocimiento de nuestro organismo y su estado, lo que nos puede ayudar a reconocer tensiones, molestias o incapacidades, de cara a realizar los ajustes necesarios para atenuarlas. La "conciencia emocional" se definiría como la capacidad de reconocer los diversos estados emocionales en nosotros mismos y en los demás, lo que nos abre la puerta a su comprensión y a su gestión. Y así podríamos continuar añadiendo diversos adjetivos a la palabra conciencia, lo que ampliaría y matizaría enormemente su campo de acción.


La felicidad, por otra parte, se define como el "Estado de grata satisfacción espiritual y física" en el que, además se da una "Ausencia de inconvenientes o tropiezos". ¿Qué tiene que ver la conciencia con todo esto?

- Por un lado, esa "satisfacción" personal y que adopta configuraciones diferentes según cada cual, es espontanea cuando nuestra mente no está enredada en pensamientos improductivos, preocupaciones incesantes o expectativas negativas del futuro. Es decir, cuando uno es consciente de cómo está, de dónde está y de qué hace en el momento presente, la mente no tiene margen para generar las rumiaciones que la mantienen angustiada.

- Por otro lado, para conseguir esa "ausencia de inconvenientes o tropiezos" de los que habla la definición, se ha de mantener una atención (o conciencia) de cuáles son esos inconvenientes, de cara a realizar los ajustes necesarios para eliminarlos. En este caso, la conciencia sería el primer, e indispensable, paso para lograr la resolución de cualquier impedimento que nos impida vivir de manera satisfactoria.


Sin ánimo de parecer pretencioso, en el título he aludido a la Conciencia y a la Felicidad (con mayúsculas ambas), en un intento de dignificar y priorizar estos conceptos como objetivos vitales que caminan unidos en el desarrollo humano. Pero hoy en día, estamos rodeados de innumerables objetos, dinámicas y actividades que nos inducen exactamente a todo lo contrario: a vivir abstraídos, sin atención al presente, sin conciencia y, en definitiva, infelices. Pero son inercias que, curiosamente, tratan de convencernos de que distraerse con ellas nos hace felices, especialmente porque se nos ha vendido que ser feliz es estar alegre, y que una sonrisa (elemento indispensable en la publicidad) es la clave para una vida satisfactoria.


Pero todos esos sucedáneos de felicidad que nos llegan por diferentes vías de comunicación, cada vez más cercanas y personalizadas, son sólo eso: imitadores de dicha que nos mantienen en una ansiedad constante por seguir consumiendo, visualizando y pulsando iconos y botones de manera compulsiva y frenética. Porque la conciencia, en todas sus facetas, necesita calma, pararse a percibir y detenerse a analizar lo qué sucede en nuestro interior y a nuestro alrededor. Y en ese mero Acto de Conciencia, podemos encontrar la base de una vida satisfactoria en la que poder Elegir con mayor libertad qué queremos realmente hacer con ella, y reconocer qué elementos que parecen fuentes de felicidad, no son más que generadores de estrés y ansiedad.




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